ARTICULOS DE CARINA CASANOVAS


LA ACEPTACIÓN: El camino hacia la integración y la paz


El poeta Walt Whitman en uno de sus inspirados poemas dice: “Soy contradictorio, contengo multitudes”. Como seres humanos integramos en nuestra personalidad aspectos plurales y diferentes partes de nuestra identidad. Algunas de estas partes las reconocemos y aceptamos fácilmente en nosotros y por proyección también en los demás. Otras partes que también nos conforman, las negamos o rechazamos y se convierten en nuestra sombra, creando contradicciones internas que nos hacen sufrir, nos desgastan o inmovilizan y generan conflictos en nuestras relaciones.


Esta parcela de nuestros ser que negamos o rechazamos, se hace fuerte y alienada de nosotros, es proyectada al mundo exterior y percibida como diferencia que a la vez atrae y amenaza afuera, en “el otro”. El “otro” puede ser nuestra pareja, cualquier relación… y también otra cultura.

Creo que esta no aceptación de las partes diferentes, de las diferencias en el otro, nos lleva a sentir miedo, a creer que debemos protegernos y si procede, huir o atacar. Dentro de esa dinámica, se juzga a lo diferente y se le condena como “enemigo”, en contra de “lo bueno” conocido. Lamentablemente el resultado es conflicto, sufrimiento y a veces la guerra y la destrucción del “diferente”.

La diferencia no aceptada puede conducirnos al rechazo-miedo-juicio-condena = conflicto intrapersonal o interpersonal.

Mi propuesta es trabajar en la dirección de observar con amor nuestra percepción de lo diferente y reflexionar sobre estos impulsos y movimientos de rechazo y miedo en nuestro interior. Transformar la conciencia de miedo abriendo nuestras fronteras al conocimiento, la flexibilidad y la tolerancia. Nuestra evolución individual genera cambio colectivo.

Tanto la psicoterapia humanista como la Programación-Neuro-Lingüística y el Coaching, nos conducen al auto-conocimiento de nuestros diversos aspectos, para avanzar hacia la aceptación, el reconocimiento y la comprensión de nosotros mismos, es decir desarrollar plenamente nuestra autoestima.


Hacer crecer la convicción de que pluralidad es sinónimo de riqueza de matices y de posibilidades. Para así poder disfrutar con las afinidades y enriquecernos con las diferencias.